Aprovechando que el torneo Pancho Camurria de lucha canaria regresará a Tenerife después de seis años sin celebrarse en la isla y más de quince años sin disputarse en el norte, no está de más repasar la trayectoria de una figura histórica de nuestro deporte vernáculo, fundamental para entender la relevancia de la lucha canaria como parte de la identidad canaria.
La próxima edición del Pancho Camurria tendrá lugar los días 17, 18 y 19 de abril, con sedes en Puerto de la Cruz y Santa Úrsula. El viernes 17, así como la fase previa del sábado 18 y las semifinales de esa misma jornada, se celebrarán en el Terrero Santiago Yanes de Puerto de la Cruz. La gran final tendrá lugar el domingo 19 en el campo de lucha de Santa Úrsula.
Pero… ¿quién fue Pancho Camurria y qué legado dejó a la lucha canaria? La historia de la lucha canaria está llena de nombres ilustres, pero pocos han dejado una huella tan profunda como la de Francisco Marrero, conocido popularmente como Pancho Camurria. Nacido en Santa Cruz de Tenerife en 1912, en el barrio del Toscal, pasó buena parte de su infancia y juventud en Los Llanos, donde empezó a forjarse la leyenda de uno de los luchadores más carismáticos del deporte vernáculo.
Desde muy joven se sintió atraído por los terreros de lucha. Sus primeros pasos los dio en equipos no federados de la zona de Cuatro Torres, donde comenzó a destacar por su agilidad y determinación. Su salto al ámbito profesional llegó en 1943, cuando fichó por el Tinguaro, el primer club federado en el que militó.
Posteriormente se incorporó al Santa Cruz Club de Luchas, etapa en la que consiguió importantes triunfos y consolidó su prestigio en los terreros. Su talento también le abrió las puertas de la selección de lucha canaria de Tenerife, con la que representó a la isla en distintos encuentros.
Los aficionados de la época recuerdan especialmente los duelos que protagonizó frente a las grandes figuras del momento. Entre ellos destaca el memorable desafío disputado en la plaza de toros de Santa Cruz de Tenerife frente a Pedro Rodríguez, conocido como Pollo de Las Canteras. A pesar de la clara superioridad física de su rival, Camurria logró imponerse por tres luchadas a dos en un combate que quedó grabado en la memoria de la afición.
Su físico no era el habitual de los grandes luchadores. Con apenas 1,60 metros de altura y unos 70 kilos de peso, compensaba la diferencia con una extraordinaria preparación. Entrenaba a diario en el gimnasio y era habitual verlo subir corriendo hasta Los Campitos, ejercicios que reforzaban su potencia en brazos y piernas, además de mejorar sus reflejos y su rapidez sobre la arena.
Precisamente esa capacidad para imponerse a rivales más corpulentos convirtió a Camurria en un símbolo de la máxima que siempre ha acompañado a la lucha canaria: “más vale maña que fuerza”. Su figura quedó incluso inmortalizada en la cultura popular gracias a una canción de Los Sabandeños, que recuerda cómo luchadores de menor tamaño lograban derrotar a adversarios más grandes:
“El chico ganó, el grande perdió, como lo hicieron Angelito, Palmero y Camurria, frente a rivales de peso mayor”.
Tras retirarse de la competición a los 37 años, inició una nueva etapa vinculada al deporte como entrenador del equipo Hernán Imperio, donde también luchaba su hijo, Berto. Paralelamente desarrolló su vida laboral en el muelle de La Hondura, trabajando para la Compañía Española de Petróleos (CEPSA), donde llegó a ocupar el cargo de encargado.
A lo largo de su vida recibió numerosos reconocimientos que reflejan el respeto y la admiración que despertó tanto dentro como fuera del terrero. Entre ellos destacan la Medalla de Oro de la Federación Territorial de Lucha Canaria, el reconocimiento como Productor Ejemplar de CEPSA por su dedicación y honradez en el trabajo, y el homenaje del Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife, que dio su nombre al Pabellón de Lucha Canaria del barrio de Buenos Aires.
Además, la Federación de Lucha Canaria mantiene viva su memoria con el Torneo Pancho Camurria, competición anual de selecciones juveniles que reúne a las mejores promesas de este deporte.
Pancho Camurria falleció en 1982, pero su legado sigue presente en cada terrero. Su figura simboliza una época y una manera de entender la lucha canaria: técnica, valentía y corazón frente a cualquier adversidad.